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Capítulo 17

Yo soy el inconsciente. Brazo, la otredad, la serpiente que abre su boca para morder tu sueño. El pensamiento atemporal fluye dentro de la constante red que nos une a la forma única y magna.

      En el inicio, antes de que se formara mentalmente el primer ser humano, la voluntad animal no tenía capacidad de decisión, no podía emitir juicios ni tampoco era consciente de sus actos, actuaba sólo como parte de un instinto o mente primaria.

      Este instinto primario era una forma básica de conducta de toda la especie que hacía a sus miembros comportarse de manera similar, unidos y con características físicas y emocionales comunes. El  instinto   generaba,   en   esencia, conductas fisiológicas    como    comer,   dormir,    reproducirse y protegerse.

      Todo cuanto había percibido, y la manera como se produjo ese excepcional despliegue de acontecimientos, me dejaron sin palabras, me parecía algo inexplicable. Mi mente me causaba pánico, estaba dividido y unido a la vez. No obstante, me sentía despierto, convencido de que operaba en comunión con mi circunstancia. Recordé haber escuchado o leído algunas historias parecidas a las que yo experimentaba. Se puede pensar que tales cuestiones existen pero, al ser incapaces de hacer que encuadren  en  un  metódico proceso, quedaban sólo como leyendas o teorías sobre lo que opera a nuestro alrededor.

      Las provocaba el propio terror que sentimos ante el misterio de la vida y la incapacidad de explicar muchos de los fenómenos si no pasan por el filtro de nuestro ínfimo espectro de entendimiento.

      En cualquier momento perdería el conocimiento o la razón debido a la intensidad de la lucha que se libraba dentro de mí.

      Me senté a contemplar la selva desde una de las escaleras más altas del lugar. Buscaba tranquilizarme, pero no lo logré; una y otra vez, mi mente elaboraba miles de explicaciones para intentar callar las imágenes percibidas en la madrugada. 

      Creía que éstas podrían conformar un conjunto de  metáforas de  algún  tipo  que  reflejaban  un  evento

      Era una sola manifestación en los individuos, todos formaban parte del mismo sistema neuronal que los mantenía agrupados, de manera similar a los pájaros en pleno vuelo o a las manadas de caballos salvajes. En nuestra especie, el instinto o mente primaria se basaba en un solo ser, un ser social, y, de acuerdo con él, un individuo solitario no era capaz de sobrevivir, tenía que estar en contacto con el grupo para sentirse seguro, entender y comunicarse con su entorno. La mente primaria, era una común-unidad física y sensorialmente más importante que el individuo.

      Ésta mente única producía beneficios para cada uno de los miembros del grupo, que gracias a ella lograban resistir las duras condiciones a las que estaban expuestos.

      En consecuencia, la especie siempre mantenía la dualidad: primero, el cuerpo físico como lo individual, lo que hacía del ser un ente singular y diferente de sus compañeros. Y en lo segundo, en su mente prevalecía un solo esquema al que todos se integraban, un instinto primario colectivo desde el cual pensamiento, comunicación, reproducción y supervivencia se vinculaban íntimamente. Todos cuidaban de su grupo porque, de lo contrario, atentaban contra ellos mismos.

próximo y que tal vez resultara distinto de las visiones. Me preguntaba sin cesar cómo podían producirse esas imágenes con tanta claridad y con una secuencia tan semejante a la realidad que me dejaban estupefacto.

      Estuve varias horas perdido en la cavilación, y me sumergía en una locura interminable que no podría entender en mucho tiempo. Sin embargo, también albergaba esperanza, un tipo de calor corporal, como si pudiera establecer contacto con algo más. No quería asociar mi experiencia a manifestaciones humanas generadas por el fanatismo y a la necesidad de explicar algo que desconocemos, pero sí experimentaba una percepción que nunca pude imaginar.  Era como si pudiera comunicarme no con palabras, frases, pensamientos o imágenes —en la forma parcial—, sino con una especie de vibración con todo lo que me rodeaba.

      Los dos últimos mensajes me angustiaron, me dolía el estómago cada vez que las imágenes se presentaban y luchaba por no verlas de nuevo, las esquivaba con cualquier otra especulación. Pero el esfuerzo me agotó, al punto que ya no pude controlar mi mente y vinieron a mí de nuevo el grito ensordecedor, el estruendo y la caída.

      Junto con ellos, una sensación de vibración intensa; grité y sentí como si un estruendo hubiera producido un estallido en la estructura en la que estaba ya acostado en posición fetal.

      El hecho de contar con esta habilidad de integración bien definida, que les permitía reproducirse con mayor rapidez y dominar algunas técnicas básicas de caza en grupo para atacar a animales más grandes, les permitió ganar terreno ante sus enemigos de otras razas similares. Así, se expandieron a otros territorios, salieron de su hábitat nuclear y derrotaron a las otras especies que atentaban contra su supervivencia y espacio…

Dominaron drásticamente su entorno, en tanto aprendían cómo controlarlo. Poseían dos características diferentes con respecto a los seres de otras razas: su mente única podía soñar en forma colectiva y su sistema fisiológico era capaz de manipular mejor su mano con la facilidad de controlar cada uno de sus dedos por separado.  Gracias a ello consiguieron mantenerse a salvo en circunstancias muy adversas y fijarse objetivos en común. Eso les dotó de una capacidad de adaptación a cualquier entorno que ningún otro animal había desarrollado en la tierra hasta entonces.

      Su evolución continuó al desplazarse a distancias lejanas de su hábitat núcleo. Pero los grupos que salían a las nuevas tierras conservaban la conexión con la mente primaria que los hacía evolucionar y seguir su peregrinaje.

      —¡Ometeo! ¿Qué te carajos te pasa? —escuché el grito de Marion que se acercaba corriendo.

      Se sentó junto a mí para ver si me encontraba bien.  Acarició mi espalda. Fausto también se acercó a toda prisa y ambos me animaron a levantarme.

      —¡Dime que no lo hiciste tú! —me dijo Marion, con la mirada seria y segura—. Necesitas tranquilizarte. Por favor, ya deja de pensar.

      Me sujetó la cara con ambas manos.

      —Se acaba de caer un árbol justo detrás de ti.

      Debido a la distancia, el tiempo desde su salida del su lugar de origen y las generaciones que nacían en tierras lejanas; fueron desarrollando nuevas formas de expresión y rituales no sólo para procurar aminorar el dolor producido por la vida y las enfermedades, sino para recordar su lugar natal y transmitir la relación, tanto física como mental, que existía con éste. Al disgregarse por tierras inexploradas, estos individuos adoptaron conductas particulares de cada región. Además, expuestos, consumieron otro tipo de frutas y vegetales.

      Hasta que un día, la nueva generación, llevada por la curiosidad o el hambre, probó la carne animal; así se desarrolló una dieta cada vez más elaborada y diferente de la primaria.

      El cambio de clima y alimento provocó que los sueños fueran comunes sólo entre quienes permanecían en ciertas áreas geográficas, distanciándose de la mente primaria  en lejanía y en la sucesión de eventos, ya que “el soñar” dependía de los factores del entorno. Así comenzaron a generar grupos aislados que conservaban mentes comunes secundarias, como una extensión conductual de la primaria. Estos grupos se reprodujeron y diversificaron cada vez más, como las divisiones de una sola  célula  que  se  segmenta  en forma constante, con

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