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Capítulo 18

      ¿Cómo fue que nuestra especie comenzó a soñar?

La relación entre la naturaleza y los seres que la habitan se basa en una ley básica: el equilibrio, que se presenta en diferentes esferas o dimensiones de realidad. Dentro de cada una de ellas hay varios tipos de especies, ciertos reinos clasificados por su composición como: el animal, el vegetal, el mineral…

      Cada uno posee un rango de desenvolvimiento y entendimiento dentro de su esfera. Una función predeterminada. Eso significa que cada una de las formas individuales que pertenecen a los reinos cuenta con entendimiento o inteligencia. Las funciones mencionadas son los valores con los cuales la naturaleza mantiene un equilibrio entre los reinos y las esferas coexistentes.

      Subimos a la terraza para gozar de la noche. Sentados en el suelo acariciamos por momentos los recuerdos de nuestra infancia juntos.

      —¿Quién me tiró el guijarro? —les pregunté.

      Una pequeñísima piedrecilla cayó rodando después de impactarse sobre mi espalda con suavidad. Lo curioso es que fue arrojada desde el punto opuesto a donde se hallaban mis amigos.

      —¿Qué guijarro, de qué hablas? —contestó José.

      —¿Qué diablos es un guijarro? —preguntó Emilio, fascinado por la palabra.

      En ocasiones hacíamos juegos de letras y, por lo visto, ésta le daba pie a uno de ellos.

      —Es como una piedra lisa y medio redonda —dijo José.

      Sentí la segunda piedra que arrojaban sobre mi espalda, como si alguien buscara llamar mi atención. Me puse de pie y miré en todas direcciones.

      —Pero, ¿por qué le llama Ometeo guijarro? ¡Qué raro! Me gusta, es una buena palabra —le comentó Emilio a José.

      Recorrí la terraza en busca de Marion. Pensaba que estaría escondida en algún lugar desde donde me los lanzaba.

      —¿Regresó Marion? Me imagino que es ella la que juega conmigo. Ha de estar divirtiéndose lanzándome guijarros.

      Cada forma individual tiene una función para su especie; cada especie, una función dentro de su reino, y cada reino, una relación con los otros reinos que alberga la naturaleza en la tierra. De tal forma, cada uno de los individuos, especies y reinos tiene influencia, relación y dependencia específicas con todos los demás, y cada reino opera en una esfera o dimensión diferente. Por ello el reino animal no puede tener un entendimiento con el reino vegetal, pero sí una dependencia estrecha para sobrevivir. Es la forma de mantener el equilibrio entre los individuos y el de éstos con su entorno.

      Cuando el ser humano adquirió conciencia de sí mismo, se diferenció de las demás especies del reino animal. Si bien algunos miembros de este reino desarrollaron ciertos grados de inteligencia para adaptarse a su entorno, no lo hicieron al grado del humano.

      Debido a ello, la naturaleza hubo de mantener el orden en esta nueva fase de la evolución, dentro de las diferentes esferas de realidad. Y es que al tener conciencia de la realidad, podría llegar a dominar a las demás especies y reinos, deformando de manera definitiva el entorno a su albedrío.

      —Nadie lo está haciendo, es idea tuya —dijo José.

      —¿En serio no los han oído caer? Rodaron hacia donde están ustedes.

      —Creo que estás afectado por pasar tanto tiempo solo, deberías conseguirte una novia, que al menos te tire unas bragas —sugirió Emilio, entre risas.

      Entonces sentí otra piedrecilla que ahora se estrellaba contra mi brazo.

      —¿La escucharon? ¡Otro guijarro!

      Mis amigos rieron ante mi desesperada situación: intentaba localizar el punto de donde procedían los guijarros y, a la vez, alguna prueba de ellos en el suelo de la terraza para que me creyeran.

      Justo entonces sentí otro que caía sobre mi espalda y rodaba. Al tomarlo me di cuenta de que era una pequeñísima piedra de color verde, redonda y ovalada de al menos medio centímetro.

      —¡Vean! Esto es lo que me lanzan.

      José y Emilio miraron la piedrecilla y se encogieron de hombros,   sin   decir   nada.   No sé   si  pensaban  que en verdad era una broma o es que no me daba cuenta de lo que acababa de hacer.

      Bajé a la cocina, lavé y analicé con cuidado el guijarro y, en un acto reflejo, sin pensarlo, lo engullí.

      Sentí un sabor ligeramente amargo, pero, sobre todo, sorpresa,  ya  que no  reflexioné y me dejé  llevar 

      Como resultado de la conciencia del ser humano de la realidad material, la naturaleza equilibró la ecuación, al negarle la conciencia en el “sueño”, la realidad común para todas las especies. El espacio en el que todos los individuos, especies y reinos se encuentran en estado de reposo y no operan en la forma superficial, o real, sino con un cuerpo imaginario constituido por el vacío. En efecto, el vacío ocupa casi la totalidad nuestro universo y el cerebro humano no cuenta con la capacidad para entenderlo.

      Tan solo le da la clasificación de no existencia, pero no nos percatamos de que la “realidad física” es una membrana que lo contiene. Podemos ver un vaso vacío, pero no el vacío que lo llena. En esta realidad común los diferentes reinos conviven sin la esclavitud física de las leyes. De ahí que, de manera simultánea, tengamos interacción en estas dos realidades: “la realidad y el sueño”.

      La dependencia de un individuo de otro perteneciente a una especie diferente para sobrevivir en la realidad física, otorga a este último un dominio en la realidad común o en el sueño, por las sustancias químicas que reaccionan en el cuerpo físico del consumidor.

por el deseo de poseer algo que me molestaba, para que dejase de hacerlo.

      Subí hasta donde Emilio y José, entretenidos con mi actitud, tomaban las últimas gotas del vino tinto. Hablaron sobre la carrera de Emilio que, por lo visto, ascendía con rapidez en su trabajo en una compañía transnacional.

      Estaba muy entusiasmado por sus logros y demostraba una ferviente devoción a la empresa en la que cada día sentía como si fuera casi una religión para él; por tanto, todos los días se consagraba para su bienestar.      

      Yo no emití comentario alguno, no sólo porque ya conocían mi opinión sobre la transnacional que producía cereales genéticamente modificados, sino porque necesitaba guardar silencio.

      Empezaba a sentir un ligero malestar y algo incomodo noté como el sonido rebotaba por todo el lugar y también podía escuchar claramente mi pulso.

      Era algo parecido a caer por un abismo, en el que la realidad se volcaba una y otra vez sobre sí misma, como en una película rápida. Cada imagen se sobreponía a la siguiente.

  Con dificultad bajé de nuevo al pasillo, me dirigí a la puerta, me costaba un gran esfuerzo mantenerme en pie por el vértigo producido por la sensación de ver  pasar la realidad como  una  continua  interpolación de imágenes

Tales sustancias generan en su cerebro o en los procesos electroquímicos que denotan cierta inteligencia, la necesidad de reposo o un estado de sueño, dentro del cual el individuo ingerido es el que recrea el esquema de realidad común. Este proceso continúa y se transmite la información. Debido a ello, las semillas o sustancias de la especie consumida sobreviven al proceso digestivo de la especie que las consume, lo cual da paso a la evolución en ambas realidades, la física y la mental.

      Por consiguiente, cuando el ser humano cambió de entorno consumió alimentos, animales, vegetales y minerales de otro tipo, éstos, junto con su evolución mental, desencadenaron una reacción en su sueño. Es decir:

      Lo que comemos tiene implicación directa en lo que soñamos y el sueño es dominado por lo que ingerimos.

      El efecto de espejo o equilibrio es el siguiente: cuando el hombre desarrolló su conciencia individual de ser humano, así como   cierto   grado  de control   sobre  su   entorno  más  allá del que necesitaba para comer, la naturaleza, mediante reacciones químicas, generó la contrapartida: el ser humano no tendría control  sobre  su  sueño.  Es  decir,  los que en el sueño

En ese momento Marion tocó; por el cristal vi su silueta, la cual reconocería bajo cualquier circunstancia. Abrí y ella, que sostenía una charola con gelatinas de colores, me miró fijamente.

      —Ometeo, ¿qué pasa? ¡Estás pálido! —exclamó.

      Dejó las gelatinas sobre la mesa para después volver donde yo me encontraba.

      —No sé, me siento mal. ¿Puedo pedirte un favor?

      —Sí, claro, el que quieras.

      —Sácame de aquí, vamos a dar un paseo en el auto.

      —¿A dónde quieres ir?

       —Me gustaría ir con un médico.

      —¿Cómo que con un médico? ¿Tan mal te sientes?

      —Sí, me está sucediendo de nuevo.

      La expresión de Marion se alteró radicalmente. En su rostro se mezclaban la preocupación y el asombro por lo que le dije. Pareció acordarse de golpe de todo lo compartido meses atrás, aunque también deseara olvidarlo.

      Me tomó de la mano y salimos en el auto.

      —Creo que no es nada y sólo estás sugestionado. ¿Por qué no damos una vuelta primero? Seguro que se te pasa. ¿No crees?

      —Está bien, pero no quiero estar en la casa, necesito un poco de aire.

tienen grados de conciencia con autonomía, libre movimiento y elección, son los demás reinos y especies. Con ello la ecuación se equilibra.

      Las antiguas culturas lo comprendieron bien y lo manifestaron a través de su arte, danzas y ritos, orientados a salvaguardar dicho equilibrio entre las esferas. Veneraban a ciertos animales —venados, jaguares, águilas, serpientes, grillos— más que a otros por su poder dentro de los sueños. Sentían un deseo y una atracción descomunales hacia ciertos minerales —como el diamante, el oro y el jade— que en forma instintiva, necesitamos tener con nosotros y a los cuales atribuimos miles de significados, todos relacionados con manifestaciones de un sueño.

      Pero el conocimiento se perdió una vez más porque ya no había quien pudiera bajar hasta la mente primaria y extraer la información. Quedamos a la deriva y nos alejamos del entendimiento mental de nuestra especie. Sólo rescatamos síntomas, símbolos y significados derivados de éste.

      Si realizamos alguna acción con las demás especies, ellas pueden reaccionar en nosotros a través de los procesos químicos suscitados al consumirlas.

      —¿Por qué no me acompañas a casa de Emilio a recoger un juego de mesa, me encargó que trajera lo cuando fui por las gelatinas? Y lo olvidé por completo.

      —Sí, perfecto, seguro que es algo pasajero o una mera enajenación.

    Nos dirigimos a casa de Emilio, atravesando la avenida Universidad que serpentea al borde del río de Querétaro.

      —Necesito que me hables de cualquier tema, por favor. Siento que entro en un vacío profundo y pierdo el contacto con la realidad. No quiero dormirme. ¡Por favor!  Cuéntame algo, lo que sea, debo distraerme con cualquier cosa.

      Marion me contó sobre su vida en la Ciudad de México con José y que su viaje de regreso a Francia se aplazó más de lo que imaginó porque le fascinaba estar en este país, en el cual las historias surreales se develan a la vuelta de cada esquina. Por cierto, no era necesario que me lo aclarara, sabía que ése era su punto débil.

      Guardaba calma, pese a que mi corazón parecía a punto de estallar. Mi percepción de la realidad no mejoraba y luchaba por no desmayarme.

      Metí las manos en los bolsillos del pantalón buscando las llaves de mi casa. No sabía si las había dejado en mi habitación, y en caso de que José y Emilio decidían salir  a  buscarnos  no  podría  entrar  de  nuevo.

      En este mundo de los sueños se desarrolla el espejo, el espejo a cuyo encuentro no siempre hemos logrado sobrevivir.

¿Quién crees que domina tu sueño?

Pero lo que descubrí fueron unas formas que reconocí, aunque no eran precisamente las llaves. Saqué las manos con cuidado y me asustó lo que observé.

      —¿Qué es eso? —preguntó Marion.

      —¡Guijarros! —respondí—, ¿por qué los tengo en los bolsillos?

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