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Capítulo 20

 

El brazo, el sentido, sale de las costillas del cuerpo físico para extenderse y sujetar los sueños; por su parte, las piernas son las que lo sostienen y recorren grandes distancias para que pueda alcanzarlos. Los brazos guían y señalan, las piernas sostienen y pisan.

      El equilibrio se halla aquí, en el conjunto sistemático y claro de estos elementos.

El instinto primario,

la conciencia,

los sueños,

los sentidos.

esto accionó la luz de la entrada de la casa y acto seguido el gato levantó la cara y maulló.

      El aire cesó, por lo que las ramas dejaron de moverse y la luz se apagó; entonces el felino volvió a reclinar la cabeza sobre sus patas delanteras. De nuevo llegó el viento, movió el árbol, éste provocó que la luz se encendiera y el gato maullara. Una vez más, el aire se detuvo, la luz se apagó y el gato reclinó la cabeza. El procedimiento se repitió. Fascinado por el ritmo de este evento, observé la parte superior del árbol: era un punto borroso en mi percepción, del tamaño de una hoja, como   una basurilla en el  ojo que distorsionaba la imagen frente a mí, un diminuto espacio desenfocado.

      Percibía el color del fondo, pero no veía con claridad. Parpadeé varias veces esperando que el pequeño sitio se disipara, pero seguía ahí. Me moví de un lado a otro para cerciorarme de que el punto borroso estaba en mi ojo y no en mi percepción. No se movía. Mi curiosidad aumentó e intenté salir del vehículo, pero mis piernas parecían estar paralizadas, a lo que no hice caso.

      Mientras veía la anomalía escuché un zumbido en mi oído izquierdo. Giré la cabeza levemente hacia la derecha y el zumbido desapareció. Al enderezarme se reanudó.

      Volví a girar la cabeza y el murmullo se esfumó de nuevo. Reí nerviosamente, era como si alguien jugara con mis sentidos.

      Así se levantaron los brazos para comenzar la emigración hacia nuevas tierras, los pies emprendieron la marcha y las manos abastecieron de nuevos alimentos y frutos que ocasionarían que el ser humano desarrollara la conciencia y el sueño.

      Para poder regresar a la cueva, como metáfora de la sabiduría inicial en la que todas las mentes están conectadas, es necesario unificar la mente y el cuerpo en un solo reflejo, y ver éste como la personalidad encargada de introducirse y encontrar el entendimiento universal, al cual todos los individuos pertenecemos, como una común-unidad.

¡Debes unirte!

Volví la cabeza hacia la dirección en la que percibía el zumbido y para mi sorpresa, del otro lado de la acera se dibujaba la silueta de lo que parecía un perro con el hocico largo y las orejas puntiagudas, que miraba al gato situado adelante. Lo observé fijamente y él se dio la vuelta hacia mí.

En ese momento escuché la voz de nuevo en mi mente. La reconocí antes de que terminara de pronunciar la primera palabra.

Me preguntó:

      Yo asentí.

      Miré el punto opaco, pero ahora parecía girar con delicadeza sobre su propio eje. Tenía la forma de una oblea delgada, aplastada y borrosa, que desenfocaba mi visión; giraba como un pequeño disco de derecha a izquierda, en posición horizontal.

      El desenfoque que parecía flotar de pronto se desplazó hacia mí y por el efecto de la perspectiva lo notaba más grande mientras se acercaba, hasta que se situó justo delante del parabrisas.

      Era del tamaño de la palma de mi mano, giraba y dislocaba lo que estaba detrás de él. Observé su forma, era la de un octágono. La imagen maravillosa parecía un trozo de cristal translúcido y más delgado que una hoja de papel, girando con lentitud de frente.

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