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Capítulo 21

—¿Estás listo?

—Así comienza.

      Ya que pude ver su forma octagonal perfectamente simétrica, se alejó hasta su posición original, tapando la hoja del árbol.

      A partir de este punto comenzaron a aparecer otros octágonos que giraban. Cada segundo se generaban más, los cuales recalcaban la imagen que recibía, y cubrían por completo el árbol, la casa, el gato, la calle, el auto donde me encontraba y el cielo. La visión que percibía del mundo consistía en millones y millones de pequeños octágonos que giraban cada uno a un ritmo diferente.

      Su tamaño variaba según el objeto y la distancia entre mi percepción y el mismo. De  tal  manera,  mi  ilusión era  la realidad, el  presente  pero  compuesta  de  millones  de pequeños octágonos translúcidos que, al girar, cubrían todo mi mundo.

      —El cerebro humano actúa como un decodificador, con un espacio muy angosto en la percepción del universo que lo rodea a través de los sentidos. Éstos operan sólo como un filtro de información. El lenguaje es la manera como el ser humano dota a cada cosa de un nombre y su función específica, para poder establecer una interrelación con su medio, al comprenderlo, pero, en especial, al establecer parámetros de control sobre el entorno.

      Es entonces, por medio de símbolos y signos, que el cerebro puede concebir su fracción de la realidad.

—Así se establece la relación.

      De nueva cuenta, el mismo octágono inicial se acercó, flotando con tranquilidad para que pudiera verlo bien. Similar a un cristal en extremo delgado, comenzó a presentar deformaciones: se hizo cóncavo y convexo a la vez, se expandió hacia ambos lados sin perder su forma octagonal en la base; las protuberancias que salían de él formaron conos opuestos y a cada giro del octágono se deformaban aún más, hasta que generaron una espiral ascendente  cuyo sitio más amplio se encontraba en la base del octágono y terminaba en punta; se formó una espiral con el cono descendente, con lo que todo se integró en una sola espiral que giraba, como un cristal que distorsionaba la imagen, en la cual la base octagonal era el centro amplio y sus extremos terminaban en punta mostrando toda su belleza y perfección en sus formas orgánicas.

      La espiral regresó a su posición en la parte superior del árbol y en el momento de incorporarse, percibí cómo, al igual que la primera, todos los octágonos que giraban con ritmo se transformaban en espirales. Era hermosísimo presenciar la armonía del evento.

      —El giro de cada uno y la distancia es una relación mental de tu existencia. Con su movimiento genera lo que tú percibes como color y forma. De tal manera, al componerse varios al mismo ritmo, crean la realidad, la materia de tu universo.

—Esta es la forma básica que compone tu realidad, tu percepción,  la serpiente de cristal, la materia en estado puro.

      Mi percepción estaba en pleno cubierta  por millones de cristales pendulantes que parecían estar sincronizados en cada una de las formas, bien fuera una hoja, el tronco del árbol o incluso mis piernas. Todos estaban compuestos de espirales y cada una giraba con un ritmo propio para producir la realidad, la forma y el color, mismas que guardaban una relación con su entorno. Un gran engranaje en movimiento armónico.

      Era lo más perfecto que había visto en la vida.

      Marion salió de la casa de Emilio; millones de estas espirales diminutas componían su anatomía a cada paso. Atónito, la vi subir al vehículo. Me entregó el objeto y arrancó el motor,  y salimos de aquel lugar.

      Todo cuanto admiraba estaba formado por esta relación de espirales y espirales, millones de ellas, las cuales integraban por completo la  realidad y el tiempo.

      Preso de tremendos pulsos cardiacos, sentí que mi corazón iba a estallar y viví lo que es el miedo.

Un escalofrío provocado por el temor recorrió mi cuerpo. En esos instantes dudé. Creí que lo que había hecho de manera inconsciente estaba mal y desencadenaría mi propia muerte. Me invadió el terror.

      “Entonces, ¿Qué es el bien y el mal?” —me pregunté.

Buscaba una explicación, movido más por el instinto de supervivencia que por curiosidad.

—Vas a morir.

—Observa a tu alrededor.

      Al avanzar el auto, nos topamos con un anciano que se acercó a la orilla de la acera para intentar cruzar la calle. Por su postura, se notaba un tanto temeroso.

      Marion frenó con suavidad y le cedió el paso. El anciano avanzó agradeciéndole el gesto y ella le respondió con una sonrisa.

      De pronto, las espirales que componían al anciano y a Marion  comenzaron  a  girar mucho más rápido que el ritmo que había visto en ellos.

      Yo estaba impresionado por el efecto que tuvo el hecho sobre la composición de sus espirales.

Antes de que el anciano terminara de cruzar pasó velozmente un auto que casi lo atropella.  Su conductor, al parecer  ebrio,  le  gritó desde  la  ventanilla y le arrojó una botella que se estrelló en el pavimento.  Lo curioso fue que las espirales que conformaban al auto que viajaba a mayor velocidad que nosotros giraban muy lentamente, más que cualquier otra dentro de mi campo de percepción, y emanaban del cuerpo del chofer embrutecido.

      Mi corazón latía cada vez más rápido y me llevé la mano al pecho.

      —El bien y el mal no existen, lo que existe es el movimiento. Lo que percibes como “bien” actúa como un generador, es el impulso que expande y crea su entorno, la circunstancia, y gira hacia la evolución. En tanto, lo que conoces como “mal” es lo que detiene la voluntad y la fuerza, las encierra, las sumerge en él mismo y propicia que todo cuanto lo rodea se detenga y se cierre.

      ”El movimiento es la voluntad sobre la que se basa el infinito.”

      Marion me miró.

      —Estás sudando. ¿Cómo te sientes?

      —Siento que me estallan por dentro las venas.

      Llevé su mano a mi pecho. Ella se angustió.

      —Por favor, llévame a la Cruz Roja —le pedí.

Ella se apresuró y al parecer se encontraban a unas cuadras del lugar, por lo que no tardamos en llegar.  Pensaba que no lograría salir de ésta. Y, de nuevo, mi duda y mi temor crecieron, porque si no existía la diferencia entre el bien y el mal, entonces, ¿de que se trataba toda ésta secuencia? ¿Porque sentía miedo? Si todo esto tan simple era la realidad, entonces que era el instante, el momento;  ¿Qué es el tiempo? —Grité.

      Al llegar al lugar Marion me ayudó a levantarme. Con un gran esfuerzo de ambos, logré hacerlo y caminar bordeando el muro hasta la puerta. Esto me resultaba muy familiar, quizá lo había vivido ya. Subimos las escaleras y entramos en un pasillo blanco.

      Las paredes tenían líneas azules muy sencillas que continuaban hasta el último cuarto que estaba delante de nosotros. Era igual al castillo que percibí aquella noche en Xilitla. Al fondo se veía una habitación con ventanas que daban al exterior. Lámparas con ligeros toques de luz color dorado iluminaban desde un costado el vacío lugar.

      —El tiempo es movimiento. Y depende de tu ubicación, de la percepción. La espiral más grande puede ser la más pequeña y la más pequeña se vuelve la más grande, de manera infinita; el universo espiral que compone la forma y fondo. Por ello la distancia entre lo más pequeño y lo más grande es un paso.

      Caminamos hasta el fondo del pasillo, donde varios médicos atendían a una  mujer cuyo largo  cabello  caía  por las orillas de la cama sobre la que estaba recostada. Una mascarilla cubría su rostro y varios tubos penetraban su cuerpo. Al parecer la sometían a una intervención quirúrgica. Las espirales que la conformaban giraban muy rápido, demasiado; parecía fundirse en un cristal. Una enfermera vino hacia nosotros y nos informó que no podían atendernos, que intentaban salvarle la vida a la señora, a quien habían encontrado sola.

      —Si esperan unos minutos, uno de los médicos lo verá —dijo con tono amable.

      —Esperaremos afuera, —le contestó Marion.

      La enfermera volvió al lado de los médicos.

      —Éste es el castillo que vi en la selva —le susurré a Marion, quien me miró sorprendida. —Es la mujer que se cepillaba el cabello. Su movimiento es distinto, está a punto de fundirse en las espirales. Prefiero que vayamos a casa.  Procuraré tranquilizarme y respirar.

      Marion me guió hasta el auto.

      Las espirales se apreciaban por doquier; inundaban todo mi espectro de percepción al grado máximo de precisión, cada una con un cierto tipo de movimiento. La composición de cada objeto tenía una vibración particular que le daba el espectro perceptible.

      Absorto en un sinfín de espirales, perdí el contacto con  la  realidad.  Flotaban  y  giraban al  alrededor; fue

como estar inmerso en un líquido espiral enorme en el cual no podía siquiera percibir mi propio cuerpo.

      Sólo era un punto de percepción.

      Se agruparon en un orden impresionante y al unificarse generaron espirales de mayor tamaño. Después éstas, al girar, formaban otras más grandes, hasta agruparse en una espiral magna de la que apenas distinguía su movimiento, pero que no lograba “ver” en su totalidad.  Mi desesperación era absoluta, aún no estaba preparado para hundirme en el infinito.

      Quería regresar a la realidad, pero no lo conseguí, mis pensamientos disminuían. A mi alrededor únicamente había miles de millones de espirales y cuando intentaba enfocar alguna, para estabilizarme u orientarme, comenzaban a crecer de forma descomunal hasta convertirse de nueva cuenta en una espiral tan impresionante que no podía percibirla por completo.

      En cierto momento, la misma se dividía —una vez más— en millones y millones de espirales minúsculas hasta volverse imperceptibles y formar una especie de líquido con miles de millones de pequeñas espirales conformando la materia. Me esforzaba por enfocar alguna para retornar a mi realidad, pero volvía a absorber a las demás e integrar una sola formada por millones.

      Sentí el vacío total, la ausencia. Me quedé sin ganas  de  salir  de  ese  sitio; y  perdía  el  conocimiento  y  la

poca noción de vida que era capaz de cuadrar sobre mí propio ser; estaba muriendo.

      Entonces escuché un latido de mi corazón y comprendí lo que significaba. Así que lo grité, ¡lo grité!   

      —¡Yo soy siempre una espiral! ¡No importa cuántas conformen el universo, yo soy siempre una compuesto por millones! ¡Somos siempre! El movimiento eterno.

      La realidad me golpeó súbitamente. Estaba en el auto y nos dirigíamos a casa. Marion conducía algo nerviosa en la tranquilidad de la noche, se oía música en el estéreo y todo parecía marchar bien. No veía más espirales, ni nada fuera de lo normal. Como si nunca hubiera pasado nada. Miré a Marion y le sonreí.

      —Creo que todo va a estar bien —le aseguré.

      Ella me devolvió una larga sonrisa entrecortada y me tomó de la mano.

      Contemplé la calle y vino a mí un pensamiento indiferente. Entonces, como arrastrado por una gran ola, volví a sumergirme en el líquido espiral, preso de la misma angustia que me ahogaba, asfixiándome y me despojaba de todas mis fuerzas.

      Así de nueva cuenta la más grande de las espirales se convertía en la más pequeña y viceversa.

      —¿Qué es esto?

—¡Yo soy siempre una espiral! ¡Siempre somos!, la forma nunca muere, sólo cambia, muta a otro grupo y  es eterna…

      —La ausencia. El devenir es deambular entre la materia que lo conforma todo sin conciencia. La oscura Nada, donde el ser no se encuentra a sí mismo y sólo flota en la circunstancia, la desesperación, depresión y la pérdida.

      —¡Soy siempre uno! —volví a gritarme.

      En ese instante regresé a la conciencia. Nos hallábamos a muy pocos metros de la casa, y pregunté:

      —Entonces, si esto es así. ¿Qué es la realidad?

      Ya no percibía nada, mi imagen de la realidad se había esfumado, ya no existía el auto, ni la calle, ni siquiera lograba notar mi cuerpo. Lo único que distinguía era un rectángulo áureo que abarcaba toda mi visión, compuesto por un centenar de espirales representando la materia, del mismo volumen que giraban a idéntica velocidad.

      De súbito, una de ellas comenzó a girar pausada en una de las esquinas y, al igual que una piedra que cae en un estanque ocasiona una ola, todas las espirales que la rodeaban disminuyeron su ritmo hasta casi detenerse. Una de ellas, situada en la esquina superior derecha, comenzó a moverse con mucha más viveza y, por el efecto del engranaje entre ellas, se produjo una onda expansiva que contagió a cada una con su velocidad hasta que todas se movían de prisa.

      —La realidad está conformada por infinidad de espirales que se unen, se agrupan y se expanden unidas únicamente por un sueño, una mente en común, una conciencia que les otorga un sentido determinado, una vibración diferente de todas las demás. Ésta, a su vez, se agrupa con otras conciencias y éstas con otras; así indefinidamente hasta formar patrones establecidos que fluyen en el universo formando las distintas realidades.

      ”Somos un único organismo, con distintas funciones, dentro de la gran esfera.”

      Una espiral se ubicó delante de mi percepción y comenzó a girar extremadamente rápido, más y más, sin dejar de aumentar su velocidad sobre su mismo eje; llegó el momento en que sólo advertía un contorno y se produjo un sonido apabullante. La espiral se colapsó en ella misma, y se transformó en una luz hermosa, gratificante, cálida, que me llenó de una sensación parecida a la esperanza inmensa.

—Entonces, ¿Es la luz la respuesta?

El punto luminoso se acercó como un ave, junto con una espiral del mismo volumen; ambos se movían con gran armonía, uno junto al otro, juntos e inseparables.

Noté algo entre ambos elementos que los envolvían pero sin cubrirlos por completo. Era similar a algo que observara antes en la selva, como unas pequeñísimas líneas de  colores que vibraban cual membrana y destacaban la unión entre los dos elementos. La emoción me embargó.

      —¿Qué es lo que los une? ¿Qué une a la Dualidad?

      —El movimiento genera movimiento. El infinito, La Dualidad.

      —Es La Dualidad, que se crea y se regenera de un estado a otro, con la voluntad de sí misma, con su propósito, con su movimiento conformando todo cuanto existe.

      —Lo que une es: El Amor.

      Las líneas dibujaban a la perfección un campo magnético que los unía. Aquello era impresionante y muy lógico. El amor es la fuerza magnética que une a la materia con la luz, y guarda la reacción del movimiento, el cual depende de la voluntad que tenga la energía de desenvolverse a ella misma dentro del universo. Respiré profundamente, lo que provocó que vislumbrara mi realidad. Marion, preocupada por mi estado, intentaba hablarme y yo no podía responderle, aunque mantenía los ojos bien abiertos.

      Veía toda mi circunstancia, pero ya no sólo como una imagen, sino como millones de pequeñas espirales junto a pequeños destellos de luz de su misma dimensión que formaban la realidad. De esta manera contemplaba la materia, su vibración y  la  luz  que,  al  reflejarse  en  millones de espirales conformaba el todo. Era indescriptible y también muy obvio. Nunca vi así mi realidad, pero era tan lógico, el todo compuesto por la unidad que es dual, que es unidad y unificada sin perder su individualidad.

      —Si todo el universo lo forma la Dualidad, que se compone de acuerdo con su vibración, —me embargó una paz muy profunda, ya no necesitaba nada. Estaba totalmente feliz, pero algo me inquieto: —si esto es la lógica en como opera, entonces: ¿Cuál es el sentido de vivir, cuál es el sentido de la existencia?

      —Hacer lo que tienes que hacer.

      Sentí que tiraban de mí hacia la tierra de nuevo.  Habíamos llegado a casa y Marion ya estaba afuera abriendo la puerta y prendiendo la luz del pasillo. Sentí una gran confianza y un principio de tranquilidad por estar con ella. Era como si hubiera aceptado lo sucedido con la esperanza de despertar el día siguiente.

      Entendí el valor de la vida como una constante sinfonía que se crea por medio de los hechos, provocados por el movimiento de cada una de las formas que habitan en ella, que accionan lo que nos corresponde hacer, el papel que nos ha tocado desempeñar en nuestra realidad. Somos la posibilidad de luz. En cada uno de nosotros brilla el intenso afán de despojarnos de la apatía y el miedo para generar, con nuestra fuerza, la luz que ilumine el camino por donde los que nos preceden deberán andar, el estado máximo de plenitud que conduce a la trascendencia, representada por la serpiente que se colapsa con el ave, la fusión del viento que ilumina, la representación de La Dualidad.

      Son estos pequeños detalles que me habían pasado desapercibidos a través de símbolos, pero son los que me guían en este inmenso mar de posibilidades y encrucijadas hacia la revolución. En todos nosotros radica la posibilidad de ser, sólo necesitamos la voluntad suficiente para llevarlo a cabo.

      —Me quedaré contigo dentro de tu sueño, en tu brazo Ahora solo descansa, Pero debes encontrar a los que pasan por lo mismo que tú antes de la caída.

      Marion me ayudó a ir a mi habitación. Le pregunté sobre Emilio y José.

      —Nos dejaron un recado que regresaban después.

Me ayudó a quitarme la ropa y me acostó, mientras tarareaba algo a mi oído que me hizo sentir muy cómodo. Me dio un beso y se recostó junto a mí hasta que quedé profundamente dormido.

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