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Capítulo 9

Fausto despertó, miró el techo de la habitación y sacudió la cabeza. La luz del sol entraba por la ventana.

      —¿Qué pasó? ¡Me quedé dormido! —se dijo, exaltado.

      Presintiendo lo peor, se incorporó y buscó con la mirada a Marion. La descubrió en la otra cama, abrazada de Ometeo.

      —¡Qué pendejo!, ¡ya me la bajó! —se recriminó.

      La cabeza le daba vueltas mientras observaba el cabello de ella extendido sobre la blanca almohada. Se levantó con pesadez de la cama y se dirigió al baño.

      —¿Cómo es posible?, me la hizo.

      Se lavó con fuerza la cara con el agua fría que salía del grifo oxidado con el ánimo de recuperar un poco del tiempo de la noche anterior. Sin embargo, sabía que ya nada podía hacer, Marion ahora estaba con su mejor amigo. Era el momento de dejar las miradas y sentimientos para no complicar más las cosas, aunque eso supusiera perderla.

      Sentado en la cama, se puso los zapatos procurando no despertarlos. Le incomodaba continuar en ese cuarto y no resistía la presión. Lo mejor era salir de ahí.

      La ilusión de estar con ella había empezado a caer desde una altura considerable. Se tambaleaba y no estaba dispuesto a que nadie lo presenciara, por otro lado el hecho de estar prohibida le daba más rabia, pero también cierto placer. Débil por dentro, le pesaba estar en medio de dos personas a las que quería en grado descomunal.

      Furioso, se dirigió a la puerta.

      —¡No puedo creerlo, Fausto, no puedo creerlo!, ¡qué estúpido! Estabas a punto cabrón, a punto y te me quedas jetón, ¡ya!, hasta que ves todo perdido lo lamentas. ¡Qué pena me das! Y eso que llevabas las de ganar, si quería conmigo y te dabas cuenta. ¿Qué paso? Siempre quedas en la línea a la espera de que algo suceda. Parece que aguardas a que te tiren un diente pa’ reaccionar. ¡Ya ni la chingas!

      Marion lo miró. Parecía haber escuchado sonidos en la recamara y, aún acostada, le preguntó en un susurro:

      —¿Vas a salir?

      —Sí, voy a comprar un jugo a la tienda, no tardo.

      Luchando por disimular lo que ocurría en su interior, salió con rapidez.

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