Saltear al contenido principal

Capítulo IV. Hemisferio Izquierdo

De regreso a Querétaro guardé silencio. Nos dirigíamos a mi casa en Pasteur 64, en el centro norte de la ciudad.

      Al caminar sentía alivio y confianza ante lo que veía, como si el hecho de hallarme en un ambiente conocido me brindara seguridad. Además, las imágenes se disipaban por unos minutos.

      Sin embargo, ya no era el mismo que partiera días atrás con un rumbo específico. Todo lo percibía de modo diferente; mi pensamiento había dado un vuelco y, al parecer, aún seguía girando. Las cosas que antes eran importantes para mí, por afección o sentimiento de posesión, no me provocaban lo mismo.

      Al entrar a casa con Fausto y Marion me percaté de que mi sentido de la vida había sido removido o, más bien, cimbrado.

       Necesitaba un solo punto, un pensamiento fijo, un propósito,  algo  que  hubiera  querido  alcanzar,  como 

características similares, pero con aspiraciones determinadas por su circunstancia.

      Conservaban objetivos y lazos en común, sólo para los miembros de estos nuevos grupos, que lograban sobrevivir en conjunto. Y es que la especie era muy vulnerable en el aspecto físico, pero en el plano mental presentaba ya patrones lógicos de asociación y relación entre su cuerpo y su ambiente.

      Como el mecanismo de impulsar a la piedra que rompe la piedra, la piedra filosa lastima la mano, entonces la piedra corta o rompe otras cosas…

      En esta expansión y ramificación de la especie, cuando escaseaba la comida, algunos individuos se vieron forzados a separarse del grupo secundario al que pertenecían para explorar otros lugares o seguir el rastro de animales. Muchos de estos nuevos exploradores se extraviaban en el camino o tardaban demasiado en volver, por diferentes circunstancias. De ahí que el instinto de supervivencia, aunado a las nuevas experiencias que generaban, los impulsaran a buscar la manera de subsistir por sí solos en entornos desconocidos y nutridos por alimentos que nunca habían probado.

comprar un auto o ser el mejor profesional en mi ramo, pero, sin lugar a dudas, eso se había esfumado.

      No tenía caso ya luchar por la obtención de premios o incentivos materiales. Lo único por hacer era encontrar la razón por la cual vi aquellos mensajes, así como saber qué estaba detrás de su significado.

      Sabía que no debía aferrarme a una idea predeterminada, religión o postura filosófica por mi grado de afectación.

      La respuesta debía estar alojada en el mismo sitio de donde salió: la mente. La que no era precisamente mía.

      —Me daré una buena ducha. Si quieren entrar al baño, les aconsejo que lo hagan ahora porque me voy a tardar —advirtió Marion.

      —Yo sigo —dijo Fausto, con una amplia sonrisa; se notaba que estaban muy felices—. Compraré algo para cenar y un buen vino. ¿Qué les parece?

      Añoraba estar en casa. Si bien la rentaba mientras asistía a la Universidad, era ya como un santuario para mí. En sus dos habitaciones, sus techos altos sostenidos con pesadas vigas de madera y sus paredes habitaban muchísimos recuerdos. Pero, sobre todo, estaba inundada de ideales que se esparcían como objetos por ella. Antes pensaba que todas mis buenas concepciones o sueños, debía de representarlos en mi ambiente de forma física para que al convivir con ellos o usarlos y me sirvieran como circunstancias caseras con un propósito.

Por ende, se manifestó la evolución de su comportamiento, sueños y habilidades para sobrevivir en solitario.  

      Esto significa que, para poder soportar tal aislamiento, el individuo generó una conciencia individual permanente provocada por el dolor y la soledad. En efecto, al estar apartado en las montañas y en peligro constante sin ningún compañero, se cuestionó por primera vez la posibilidad de volver con su grupo, así como los conceptos de la vida y la muerte. Sintió entonces la necesidad, ya no únicamente de alimentarse, sino de comunicarse con la mente primaria, con su hábitat núcleo, con sus antepasados. Lo intuyó y expresó mediante la representación pictórica, la primera muestra de una comunicación con un lenguaje codificado, inteligente y perdurable; mostrando la conexión entre sus mentes: la primaria, la secundaria y una conciencia individual en un presente continuo, circular. Plasmaron sus manos como la referencia personal, también manifestaron su entorno, la base de su supervivencia y los seres poderosos de sus antepasados.

      Mostrando sus visiones sobre la acción natural, con su magnífica y simple fuerza; después, la remembranza del nacimiento,  el  entendimiento  de  su  procedencia:   La cueva,

      El sillón azul de la sala tenía una función, el mueble que construí con mi padre, lo mismo que la fotografía de la espalda desnuda en blanco y negro que colgaba de una pared, los cuadros pintados por Fausto y algunos utensilios de cocina. Eran como formas con un fondo; de tal manera, al convivir todos los objetos en un sitio, desencadenaban nuevas ideas que plasmaba en una misma con nuevos objetos o muebles.

      Me argumentaba que cada uno tenía un lugar predeterminado desde su creación y bastaba encontrarlo para que el ambiente se armonizara. La casa contaba con ese aire delicioso que prevalece entre los elementos simples pero desmadrados. Pasteur 64 pasó de ser sólo mi lugar a representar el espacio de muchos amigos, quienes dejaban en él objetos personales y buenos momentos. Era como un club que se impregnaba de historias entrelazadas.

      Ahora que estaba de vuelta recorrí la casa y observé con detenimiento las habitaciones con sus   tapancos; que estaban comunicados por un largo pasillo.

      En la terraza de arriba solíamos comer o tomar el sol. Fausto llegó de la tienda con dos bolsas de despensa y nos dispusimos a cocinar. Mientras tanto, abrimos una de las botellas de vino para animar la conversación.

      —Ya terminé. Fausto, si quieres, puedes entrar a la ducha —dijo Marion, secándose el cabello con una toalla desteñida.

el vientre, su origen, donde mora la Dualidad, el espejo entre la realidad y el sueño, la unión dual, la fuerza creadora eterna.

      Por razones de protección, estos individuos buscaban en las cuevas refugio y entendimiento del mundo que los rodeaba. Al igual que muchos otros pertenecientes a los diferentes grupos que se desplazaban, consideraron la representación como una manifestación que evocaba y acercaba a los antepasados a su circunstancia actual. De tal manera, se desarrolló en ellos algo más fuerte que el dolor, más fuerte que la necesidad biológica: La esperanza de regresar al nacimiento y completar el ciclo de vida. 

      Así vencieron el miedo y reunieron la fuerza de voluntad para avanzar en su camino, hasta que en ocasiones algunos de esos personajes errantes que deambulaban como seres solitarios pudieron retornar a su grupo o se integraron a otro. Al principio luchaban para que los aceptaran, pero siempre les comunicaban lo que habían aprendido y sentido: la idea de retornar a la mente primaria, a la mente que guarda conexión con todas las mentes, a la mente inicial e instintiva que los unificaba y generaba la evolución en su pensamiento colectivo. La cueva  inicial,  el lugar  de  donde  toda  la  especie  procede,

      Al llegar a la cocina exclamó:

      —¡Qué bien huele! ¿Qué están cocinando?

      —Un poco de arroz blanco con camarones y unas costillas de res. ¡Abrimos una botella de vino! —respondió Fausto, muy animado.

      Marion sacó la mesa y la adornó con flores que compró en el camino. La tarde era especialmente bella. La ciudad se caracteriza por sus atardeceres espectaculares, con el cielo casi siempre azul intenso y las cálidas tonalidades del Sol al ponerse.

      Nos sentamos a comer en la terraza. Marion y Fausto hablaban con gran entusiasmo. Se entendieron demasiado bien en el viaje y, aunque ella me volvía loco, ya no pretendía hacer nada que pusiera en evidencia mis sentimientos. Ella escogió y a mi juicio lo hizo bien; no le guardaba rencor ni me embargaba el remordimiento. De hecho, me sentía  a gusto con ello porque mantenía un estrecho cariño hacia ambos.

      —Marion y yo hablamos mucho durante el regreso y queremos decirte que vamos a vivir unos meses juntos en la Ciudad de México —me dijo Fausto José.

      —Decidí quedarme un rato, después veré si puedo conseguir   algún    empleo   temporal    o me   regreso  a Francia, aún tengo que  pensarlo bien —añadió Marion.

      —Te lo digo por si tienes algún mal rollo con esto, porque después nos gustaría regresar y poder pasar unos días en Querétaro, contigo.

en donde por principio no existe el sufrimiento, ni muerte, el lugar donde mora los dioses que generan la inexplicable forma de vida.

      A algunos los tomaron en serio y a otros no, pero introdujeron en los grupos una nueva capacidad, la conciencia, que, al igual que su físico, ya era individual y con particularidades específicas acordes con su circunstancia.

      Las nuevas creencias se convirtieron en una fuerza, una razón para la unificación de los individuos en sociedades fructíferas generadoras de esperanza y protectoras de sus temores más terribles hacia la naturaleza de lo desconocido. Con su evolución, éstas concibieron el deseo más intenso de encontrar el lugar de sus antepasados, el lugar de la Dualidad.

      Las manifestaciones artísticas fueron las formas de representación por excelencia de su necesidad, también portadoras de sabiduría y permanencia. Pero los mensajeros se convirtieron en sanadores del dolor mediante la sustitución de esquemas mentales. Con el uso del nuevo conocimiento se dieron cuenta de que esta esperanza traía consigo la voluntad de emprender y curar, la cual generaba trabajo y motivación, pero,  más  que  nada,  el  poder  sobre  los  hombres,  quienes,

      —Pues, sí, sí tranquilos. Claro, la verdad es que ahora no me siento muy bien, me ayudaría mucho que vinieran a visitarme después. Ya saben que si quieren quedarse aquí pueden hacerlo sin broncas.

      Fausto sabía que la casa era tan mía como suya. Incluso ya la habíamos compartido un tiempo y me resultaba muy cómodo.

      —¡Gracias! Sabía que lo tomarías con mucha calma—contestó Marion.

      —Saldremos hoy por la noche porque mañana tengo que llegar a mi chamba temprano, así que después de la cena nos despachamos de aquí. —Concluyó Fausto José, tomándola de la mano por debajo de la mesa.

unidos aún por la mente primaria, o inconsciente, andarían y harían cualquier cosa por retornar a la cueva. Por la misma lógica de asociación, el ser entendía y observaba, de manera inconsciente, a la cueva como el espacio en donde la Dualidad tiene su principio fundamental: crear.

      Trasladaron el concepto a su ser individual, la conciencia, como el instinto penetrar en ella y generar vida para la preservación. Así los conceptos se unen en las diferentes mentes, en busca siempre de volver a nacer.    

      Pero los exploradores extraviados descubrieron una sentencia que, por diferentes razones, no comunicaron al grupo a su regreso y que guardaron para sí o para los pocos que representaban el poder naciente. Se trataba de la facultad intrínseca de todos los seres de encontrar y acceder a esta cueva, a la mente primaria, al sueño en común, al lugar de donde se desprenden los conocimientos, donde todos los  seres  están estrechamente relacionados con los de su propia especie y de otras. El manejo de esta sentencia y el poder privilegiado de comunicación otorgaba el control sobre las sociedades que le temían a lo desconocido y a la enfermedad.

Deja un comentario

error: Content is protected !!
Volver arriba