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Capitulo VII

La luz del sol que entraba por la ventana iluminaba con una línea la pared de la habitación. Había dormido varias horas y en mi mente rondaba una claridad absoluta. ¿Fue todo un sueño o es una realidad infinita? Miré el reloj, marcaba las ocho en punto de la mañana. Me levanté de prisa y me dispuse a darme un baño con agua caliente; buscaba aminorar el dolor en las articulaciones.     

      Seguía los patrones de rutina para que poco a poco me devolvieran la calma mental y no cayera desesperado en confusión o algún sentimiento parecido provocado por la diferente concepción de la realidad que era la misma, como un espejo frente a un espejo que se refleja infinitamente. Eso me hacía sentir más vivo que nunca, convencido de que, detrás de la aparente realidad, un orden más allá de nuestro parámetro se genera a sí mismo. Un renacimiento, una evolución. La casa estaba en calma. No sabía si en verdad mis amigos estuvieron conmigo el día anterior o no, o si sólo era producto de mi necesidad de verlos lo que propiciaba mis recuerdos. Aun así, me conmovían sus actitudes.

      Cuando estuve listo, fui a la puerta y la abrí. El día era precioso y el cielo azul se extendía sin rastro de nubes en un agradable clima templado. Me sentía como si me hubiera levantado después de meses de estar dormido. Consulté la fecha en mi agenda y tenía varias hojas en blanco. Caminé como de costumbre por las mismas calles y plazas con dirección al café del Fondo. Compré el periódico para consultar la fecha: 21 de diciembre. Esta vez tomé la ruta subiendo por el andador Pasteur, llegué a la fuente en la Plaza de Armas y bajé a la calle de Corregidora por el andador Libertad. En este callejón puede ver algunos artistas locales, en su mayoría pintores, que exhiben sus obras y le imprimen un aspecto cultural a la zona. Justo en el cruce de este andador con el callejón de Vergara se encuentra una pequeña escultura de bronce, y ahí estaba Marion recargada en el monumento mirándome con fijeza.

      Mi alegría fue inmediata y sonreí plenamente al verla.

      —¿Qué haces aquí?

      —Daba un paseo y quería ir a desayunar, pero te esperaba para que me acompañaras.

      Yo reí por la manera tan casual como lo decía, sabedora de que sus palabras ejercían una influencia directa sobre mí. Hasta cierto punto, noté su intención de reconfortarme con cada una de sus maneras.

      —Sí, de hecho iba al café.

      Aún rondaba por mi mente la imagen de La Dualidad que componía la realidad y sabía que el universo no opera por casualidad, sino que comunica dicha realidad por medio de la circunstancia y el entorno, pero sobre todo los sueños.

      Caminamos juntos por el andador sin pronunciar palabra, conscientes de que nuestra comunicación ya no las requería. Nos sentíamos muy bien en silencio. Ella, que parecía saber lo que pensaba, me dio un beso en la mejilla y me tomó del brazo. Llegamos al local y nos sentamos a la mesa del patio junto al tostador de café, que en ese momento revolvía la mezcla de la casa impregnando el lugar de un olor característico y delicioso.

      —Para mí un desayuno, con café y jugo de naranja, por favor —ordenó Marion.

      —Yo te encargo pan con mantequilla y un café cortado —le dije a la chica, quien tomó nota y se marchó con el pedido en las manos.

      —¿Y José, dónde está?

      —En la Ciudad de México, te mandó muchos saludos.

      —¿Y cómo es que estás aquí?

      —Quería saber cómo estabas y también descansar porque la capital es asfixiante, necesitaba unos días fuera. Me gusta, pero a veces es demasiado.

      —¿Y qué te dijo José?—Que era mi decisión. De hecho, hace meses que planeaba pasar un tiempo en Querétaro. Pero nos costó también mucho tiempo de pláticas y pláticas. Le preocupas mucho. Ya sabes, siempre habla de lo que hicieron juntos y de lo que podrían hacer en el futuro. Ambos estuvimos de acuerdo en que estabas demasiado solo y que eso te afecta. Pareces un autista. Apenas sales con amigos.

      —Sí, ya sé, pero imagina lo difícil que es hacerle la plática a alguien, cuando todas tus palabras te llevan a temas de los que nadie quiere enterarse. Sí, intento encontrar una persona con quién charlar sobre lo que pienso, pero una de dos, o me miran como bicho raro, o ni siquiera me pelan. Al parecer todos estamos tan concentrados en los problemas superficiales, que nos olvidamos de los detalles. A nadie le interesa saber que hay otra persona en su interior. Y eso me hace sentir más soledad que estar solo. Así que por lo general opto por lo segundo.

      —Eso es justo lo que José y yo pensábamos. Por eso quise pasar unos días contigo. 

      —¿Y por qué no viene José también? —pregunté.

      —Bueno, sabes que le encanta cantar ¿no?

      —Sí, claro, al gitano de mi amigo no se le va una.

      —Pues, hace un tiempo decidió participar en un grupo de flamenco después del trabajo. Está emocionado, ya sabes, tiene toda la energía para eso y es lo que le gusta hacer; la neta, es un genio. El grupo lo forman dos maestros de la Escuela Nacional de Cuba, y la gente ha respondido muy bien. Tanto que la semana pasada recibieron una invitación para viajar a Cuba.

      —¡No! ¿En serio va a ir?

      —Sí, ¿no es increíble? Creo que es una persona con miles de cosas interesantes que voy descubriendo en él, poco a poco, mientras me deja, porque luego es un tanto distante, y difícil de entender. Pero sin embargo, a veces pienso que algo lo tiene preocupado.  Me da la impresión de que se me adelanta a las cosas y luego no quiere ni explicarme bien, se queda callado por varias horas, así quieto, casi ni se mueve, sentado por ahí en algún lugar de la casa. Y sin más, vuelve a ser el mismo, súper simpático y riendo todo el tiempo. Es como si intentara alcanzar algo que ni él mismo conoce.

      Así que esto de que vaya a cantar a otro país me tiene emocionada por él, le entusiasma muchísimo ir y creo que es lo que realmente quiere.

      —Si, neta que te entiendo por eso yo creo que nos llevamos bien.  ¿Y cuándo se va?

      —Hoy.

      —¿Cómo que hoy? ¿Por qué no me lo dijo?

      —Lo mantuvo muy en secreto, no quería emocionarse antes de tiempo. Pensaba decírtelo, pero ya no pudo comunicarse contigo, aparentemente nunca estabas en casa.

      —¡No jodas! Qué loco caray, pero bueno, seguro lo veré cuando regrese y así tendrá mucho que contarnos, porque sé que le va a ir bien.

      —Sí, yo también estoy convencida. Entonces, ¿me das alojamiento en la casa?

      —¡Marion!, no inventes, sabes que sí.

      —Ya tenía ganas de pasar unos días aquí, y verte. Eso de estar en un lugar mucho tiempo, no es lo mío; además, siempre que estamos los tres, me pasan cosas súper chistosas, eso si, no me aburro nada y no puedo estar lejos de uno o del otro. ¡Todo es tan real y tan mágico a la vez! es como estar en un libro sobre el cual se desarrollan los acontecimientos en dos puntos distintos. Pareciera que podría estar en este café toda mi vida mientras alguien escucha lo que digo o, de pronto, regresar al Erial y estar con los dos de nuevo. ¿Sabes a lo que me refiero? Siento dentro de mí cómo el fluido se desenvuelve, delicioso, circular y se funde con lo que está ahí afuera; en su realidad; del que está pendiente escuchándonos, siguiéndonos, como si nos diera su aliento mientras él continua su vida, pero no se da cuenta que está dormido. Eso es como yo pienso que es la creación. Simplemente la imaginación de otros mundos distintos al de nosotros.

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